Cómo evitar los pensamientos negativos

Cada día de nuestra vida se nos presentan infinidad de situaciones muy diversas. Nuestro cerebro interpreta todo lo que nos ocurre instantáneamente, transmitiendo de forma automática un veredicto, bueno / malo, positivo o negativo.

Si nuestro estado anímico no es muy bueno, es decir, si estamos deprimidos, desmotivados, insatisfechos, etc., la interpretación que hará nuestro cerebro respecto a los contratiempos del día a día será negativa.

Un pequeño obstáculo se convierte en una gran problema. Sobredimensionamos las situaciones y,  entramos en una especie de bucle mental de pensamientos negativos y reproches hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Si no combatimos esta clase de pensamientos, nos vamos llenando poco a poco de pesimismo, rabia, irritación, irreflexión, angustia, estrés, y otros sentimientos dañinos que literalmente toman el control de nuestra forma de reaccionar ante las cosas que nos ocurren.

Es como una bola de nieve que se hace más grande con cada nuevo pensamiento negativo.  ¿Y sabes cuál es el verdadero problema de no ponerles freno? Que no aportan absolutamente nada positivo a nuestra vida. Más bien todo lo contrario, nos impiden avanzar.

Literalmente nos impiden encontrar soluciones porque nuestro foco se encuentra en señalar todo lo que nos va mal, y debido a eso se convierten en el paradigma de la profecía autocumplida.

Como lo vemos todo negro, como nos sentimos incapaces de alterar el curso de nuestras circunstancias y como no estamos enfocados en encontrar soluciones, todo lo que puede salir mal, efectivamente sale mal.

¿Cómo controlar los pensamientos negativos?

Una persona promedio tiene alrededor de 60.000 pensamientos al día. La gran mayoría son pensamientos repetitivos, recuerdos, diálogos internos rumiantes, ideas…

Algunos se forman de manera consciente y otros inconsciente y en general responden a los estímulos y situaciones que vivimos en nuestro cotidiano.

Los pensamientos crean conexiones neuronales en nuestro cerebro, y a su vez ponen en marcha una serie de reacciones químicas que provocan en nosotros sensaciones que serán positivas o negativas en función del tipo de pensamiento que tengamos.

Para tomar el control de nuestros pensamientos, quiero compartir contigo 3 bloques de acción infalibles para dar la vuelta a la tortilla. Empieza a ponerlos en práctica hoy mismo. Tu felicidad depende de ello.

1º – Frenar los pensamientos negativos

Para mejorar nuestra forma habitual de pensar debemos aprender a gestionar adecuadamente nuestros pensamientos. Es decir, debemos aprender a desactivar los pensamientos negativos y estimular los pensamientos positivos. Para ello es necesario:

Evitar las rumiaciones. Si percibimos que estamos entrando en un bucle, dando vueltas y vueltas sobre el mismo asunto, debemos buscar la forma de romper la pauta. ¿Cómo?

Poniendo en práctica alguna estrategia para frenar los bucles de rumiaciones negativas. Por ejemplo, poner nuestra canción favorita y  bailar. Cantar, salir a caminar o correr. Ver un vídeo motivante. Meditar… En fin, la cuestión es poner freno al bucle.

Evitar toda clase de quejas y lamentaciones.  Nuestro día a día esta plagado de pequeñas o grandes quejas. Nos quejamos del tiempo, del tráfico, de la cola del banco, de la economía, del precio del café, etc, etc.

Por más insignificantes que parezcan, las quejas y lamentaciones son dañinas. Ayudan a perpetuar un estado mental negativo, crispado y enfocado en los problemas, por eso es vital evitar toda clase de queja. 

Si algo no nos gusta, en lugar de quejarnos debemos hacer algo para cambiar la situación.

Evita o minimiza el contacto de las personas negativas. Si queremos cambiar el chip, también es importante evitar el contacto con aquellas personas que habitualmente se están quejando, hablando en negativo, y recreándose en sus propios dramas. 

La negatividad es contagiosa. Juntarse con personas deprimidas y negativas no nos va aportar nada bueno. Más bien todo lo contrario, nos va absorber nuestra energía y nos va poner en un estado anímico similar.

2ª Buscar el lado bueno de las cosas

Son muchos los obstáculos que debemos superar. Algunos son pequeñas piedras en el camino, pero otros son verdaderos muros que parecen imposibles de derribar.

En general no nos gustan los obstáculos. Los rechazamos y a menudo nos sentimos “desgraciados” por tener que afrontarlos. Pero, y si cambiamos la forma de interpretar la función de los obstáculos. Y si en lugar de verlos como una “putada” lo vemos una oportunidad para aprender y crecer.

Cambiar el enfoque. En lugar de centrarnos en lo malo, debemos buscar la otra cara de la moneda, aquello positivo que podemos sacar incluso de las peores situaciones.

Se trata de literalmente dar la vuelta a la tortilla. Aprender a hacer limonada con los limones que nos da la vida. La clave es dejar de centrarnos en los problemas y empezar a centrarnos en las soluciones.

Aprender de las diversidades. Cada dificultad que nos trae la vida trae consigo una oportunidad para aprender.

A lo mejor debemos aprender a aceptar, a ser resilientes,  a no tomarnos todo  como algo personal,  tal vez debemos aprender a gestionar nuestra ira… en fin, cada uno sabe de que pie cojea.

Buscar el lado bueno o menos malo de las cosas que nos suceden es una excelente forma de evitar centrarnos en las adversidades. Nos permite poner el foco en las posibles soluciones.

Siempre podemos hacer algo para mejorar las cosas, aun que sea un poco. Debemos centrar nuestra energía en mejorar, no en repetirnos una y otra vez lo mal que va todo.

3º Cultivar una actitud optimista

El optimismo bien enfocado es una actitud capacitante que nos invita a buscar lo más favorable de cada situación. Centrarnos en lo positivo, siempre nos va guiar hacia una solución más favorable que las generadas por los pensamientos negativos.

El optimismo es un sentimiento intrínseco a otros sentimientos esenciales y capacitantes, como la fe y la esperanza. Activan respuestas más eficientes y constructivas, orientadas a las soluciones.

El optimismo sirve como motor de cambio,  mejora nuestra productividad, nuestras respuestas ante las dificultades, nuestro humor, nuestro bienestar, nuestras forma de afrontar los problemas, etc.

Para poner el foco en lo positivo es recomendable:

Poner el foco sobre lo positivo. ¿Alguna vez has oído decir que lo malo pesa más que lo bueno? Pues es cierto, y tiene un nombre “Sesgo de negatividad”. 

Este concepto hace referencia a una tendencia del cerebro a fijarse en todo lo negativo. Esta forma programada de actuar del cerebro responde a una cuestión evolutiva relacionada con la supervivencia.

Para sobreponerse y contrarrestar sus efectos debemos racionalizar y poner el foco en las cosas positivas. La claves es centrarse en todo aquello que vale la pena en nuestra vida.

Hacer una lista diaria de cosas positivas: En lugar de dar vueltas y vueltas sobre las cosas malas que nos ocurren, centrémonos en las cosas buenas que nos ocurren, por más pequeñas que sean.

Una buena forma empezar a entrenar el optimismo es poner el foco en lo positivo que nos sucede. Para ello, es muy recomendable que al final del día pongamos por escrito 10 cosas positivas que nos hayan pasado a lo largo del día.

10 cosas que nos hayan alegrado un poquito el día y que nos hagan sentir un poquito agradecidos. Cuando practicamos el optimismo y el agradecimiento, nuestro cerebro segrega sustancias

En definitiva, la negatividad es un estado mental infértil, en el que nos convertimos en victimas de las circunstancias. Y por si fuera poco, puede transformarse un hábito que determinará nuestra forma de percibir y reaccionar ante los obstáculos que nos depara la vida.

  “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede” Filósofo griego Epicteto

 

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