Tenemos que aprender a amar lo que es

La vida está en el presente. Nuestro desafío es aprender a amar el ahora tal y como es, porque es lo único que tenemos. El presente es la vida misma, y pasar por ella de forma inconsciente es desperdiciar la oportunidad de vivir.

El pasado es algo muerto. Ya no es real, lo fue, pero una vez pasado lo que queda de él solo es una historia que nos contamos a nosotros mismo. Es nuestra versión de la historia. El futuro es una expectativa, y por más bonito que sea en nuestra imaginación, no es más que una posibilidad. Puede que ocurra y puede que no, porque la gran verdad es que hay tantas variables en juego que el mañana es algo incierto e imprevisible.

Amar lo que es tal y como es

Vivir el ahora parece sencillo pero en realidad es muy difícil porque nuestra mente default, es decir la mente que “nos viene de fábrica”, suele estar pululando de forma automática por situaciones que ya han pasado o que están por ocurrir. A menudo nos perdemos el presente reviviendo acontecimientos pasados, ya sean mediante lamentaciones o recuerdos nostálgicos, o bien nos perdemos en preocupaciones por lo que puede pasar o planificaciones sobre cosas que queremos o debemos hacer. De hecho, gran parte del tiempo presente lo vivimos en piloto automático, inmersos en el ruido caótico y repetitivo que genera nuestra mente, perdiéndonos lo que es real, lo que está ocurriendo ahora mismo.

La diferencia entre lo que es y lo que desearíamos que fuera es la causa de la mayoría de nuestras frustraciones. La falta de aceptación de la realidad nos genera sufrimiento. Cuando nuestros planes no sale según lo previsto nos sentimos frustrados y enfadados. Rechazamos la realidad y con frecuencia buscamos culpables para justificar la situación. Nos victimizamos y no pocas veces condicionamos nuestra propia felicidad a determinados acontecimientos que esperamos que ocurran en el futuro.

El presente ni siempre es como nos gustaría que fuera pero, nos guste o no, es lo único que tenemos, por eso debemos aprender a tratarlo con amor y respeto. Amar lo que es tal y como es significa hacer las paces con el presente. Significa aceptar la realidad del momento que estamos viviendo, aceptar lo que somos, lo que hacemos y tenemos.

Implica aprender a vivir de modo más consciente, con presencia, es decir, atentos a lo que hacemos en el momento presente, sin juzgar y sin caer en piloto automático. Implica reconectar con lo que somos sin dejarnos arrastrar por los fantasmas de lo que fuimos o por la idea de cómo nos gustaría ser y qué nos gustaría hacer o tener.

La aceptación es clave para ello. Aceptar no es resignarse, aceptar es asumir la realidad de lo que no podemos modificar, al menos de manera inmediata, abriéndonos a la posibilidad de hacer lo mejor que podemos para disfrutar la vida hoy.

Amar lo que es implica ser conscientes que la vida está en el ahora, y que este preciso momento no regresará jamás, por eso debemos vivir de forma consciente para ser capaces de aprovechar todas las oportunidades que nos brinda la vida para ser felices. Porque por más difíciles que sean las cosas ahora mismo en nuestra vida siempre podemos encontrar motivos para sonreír y estar agradecidos. Siempre podemos elegir quedarnos con lo bueno en lugar de concentrarnos en lo malo.

La aceptación no es sinónimo de resignación

Amar lo que es no implica conformarse con una situación que nos perjudica. No significa cruzarse de brazos y no hacer nada para cambiar aquellos aspectos que sí podemos cambiar. Más bien todo lo contrario. Si nos reconciliamos con el presente, si lo vivimos lo mejor que podemos estaremos sembrando los cambios futuros desde una perspectiva muy distinta. No los construiremos desde la frustración y el rechazo, sino desde la comprensión, agradecimiento y bienestar.

Implica asumir que en la vida hay un componente de suerte que no podemos controlar, y que existen muchas situaciones que se escapan a nuestro control, y que muchas veces no podemos hacer nada para cambiar la situación, no obstante desde la aceptación dejamos de vivir en conflicto con la realidad, y es en esta reconciliación lo que nos permite avanzar.

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